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En 1867, el joven Josiah Spiers llevó
a unos niños de su escuela dominical
a una reunión especial y vio cómo
el evangelista norteamericano Payson Hammond
la dirigía.
En
la Inglaterra victoriana, los niños
eran espectadores inactivos en las ceremonias
de la iglesia, pero Hammond los hacía
participar. Aquella chispa iluminó
la visión de Josiah sobre el trabajo
con niños y marcó el inicio
del movimiento. Poco tiempo después
se creó un plan de lecturas para
ayudarlos a que leyesen la Biblia, aprendiesen
de ella y adquiriesen el hábito de
leerla diariamente.
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