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LA
LECTURA DE LA BIBLIA SEGÚN LAS ESCRITURAS
Dios
ha hablado muchas veces y de muchas maneras
(He. 1:1). Su revelación ha sido
puesta por escrito por orden expresa del
Creador (Ex. 34:27). Para conocer dicha
revelación era necesario transmitirla
de generación en generación
y así poder leerla. Por tanto, no
debe extrañarnos que la misma Biblia
nos inste a su lectura con el objetivo de
obedecer la palabra que Dios nos dirige.
1. La lectura en los orígenes
Desde la liberación de Israel de
Egipto y su constitución como pueblo
por medio del pacto que Dios hizo con ellos,
la exhortación a poner en práctica
a la ley de Yahvéh constituye el
pilar principal del deber del creyente fiel.
Aunque iba dirigida a todo el pueblo, el
deber era capital para los dirigentes y
de manera especial para los cabeza de familia
(Dt. 6:1-9). Subrayemos que en principio
se trata de escuchar la ley de Dios en conformidad
con el famoso shema Israel "Oye Israel
" (Dt. 5:1, 6:4, 9:1, 20:3). Además
de estar escrita la ley en dos tablas de
piedra, los mandamientos y el resto de la
revelación eran transmitidos primero
oralmente hasta que los pusieron por escrito
y copiaron para que las siguientes generaciones
pudieran leer por sí mismos los hechos
y las palabras de Dios. (Para una exposición
amplia sobre la transmisión de los
documentos de la Biblia, recomendamos ¿Cómo
llegó la Biblia hasta nosotros?,
varios autores, Unión Bíblica-Clie,
2000, 270 pp.).
2. La lectura después del exilio
Una nueva exhortación a leer la ley
de Dios aparece a partir del retorno del
exilio a través de los mensajes de
los libros de Esdras y Nehemías,
en los que se narra la lectura pública
del libro de la ley (Neh. 8:1-9:38). Una
nueva relación con las sagradas Escrituras
había tenido lugar durante el tiempo
en que permanecieron alejados de lo que
era el centro de la vida nacional del pueblo:
habían perdido su país, la
monarquía, el templo y estaban en
camino de perder incluso su propia identidad.
Vivían en otro país, en medio
de otros pueblos, confrontados con otras
culturas y expuestos a otras creencias.
En tanto que pueblo de Dios, ellos debían
preservar su identidad y su fe. El recurso
que les quedaba para mantenerse vivos era
solamente la ley y la memoria de sus orígenes.
Al estar privados de sus otros signos de
identidad, los libros sagrados adquirieron
una importancia enorme en este tiempo. De
ahí que también cobrara una
mayor relevancia el ministerio de los escribas,
entregados a copiar las Escrituras y enseñarlas
al pueblo en una época en que no
era posible disponer cada uno de un ejemplar.
El salmo 119 constituye un buen ejemplo
de la piedad y de los principios que animaban
a los escribas que como Esdras "era
diligente en la ley de Moisés"
(Esd. 7:6).
3. La lectura en la Iglesia
Como herederos de la tradición hebrea,
la iglesia desde sus orígenes se
interesó por la difusión y
la lectura de los libros sagrados. El libro
de los Hechos y las epístolas dan
testimonio de la importancia que la palabra
de Dios tenía para aquellas comunidades
apostólicas (Hch. 2:42, 6:2-4, 17:11,
2 Ts. 2:15, 3:1, Col. 3:16, Ef. 5:19, 1
Ti. 4:13). Más adelante se puso en
práctica el método que se
conoce como lectio divina, el cual con pequeñas
variantes es el que difunde Unión
Bíblica en todo el mundo. Dicho método
consiste en tres etapas o pasos: 1º)
la lectura propiamente dicha del texto bíblico
estando a la escucha de la palabra de Dios;
2º) La meditación del mismo
para comprender lo que Dios dice y para
aprehender dicha palabra aplicándola
a nuestra vida; 3º) La oración
como respuesta a la palabra recibida. (Para
una exposición más amplia
cf. Pedro Puigvert, La lectio divina, hoy,
Unión Bíblica, 1997).
Pedro Puigvert -Secretario General
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