LA
TRANSMISIÓN DEL TEXTO HEBREO DE LA
BIBLIA
El hebreo como lengua hablada y popular dejó
de usarse algunos siglos antes de la era cristiana
al haber sido reemplazada por el arameo que
pertenecía a la misma familia de lenguas
semíticas. Desde la destrucción
de Jerusalén en el siglo VI a.C. y
la consiguiente dispersión de los judíos,
éstos adoptaron también el idioma
del país en que se hallaban como su
lengua común. Pero el hebreo puro o
la lengua del Antiguo Testamento se fue transmitiendo
por los sabios judíos de generación
en generación con toda fidelidad y
así ha llegado hasta nuestros días.
Para conocer el proceso seguido en la transmisión
del texto sagrado lo dividiremos en tres períodos:
1. El período talmúdico
Como los judíos exiliados no podían
practicar su sistema sacrificial al carecer
de templo, los doctores de la ley se dedicaron
a la conservación del mayor de sus
tesoros: la literatura sagrada. Así
daba comienzo a una nueva época, la
del rabinismo. En Algunas ciudades de Palestina,
especialmente en Tiberias, junto al lago de
Genesaret y más tarde en Babilonia,
junto al Éufrates, florecieron las
escuelas rabínicas. Los rabinos organizaron
las sinagogas, una institución que
ha permanecido casi inalterable hasta el día
de hoy. A los esfuerzos de estos rabinos debemos
la conservación y en parte la redacción
de los Targumim (traducción aramea
del A.T. que se leía en las sinagogas)
y del Talmud. Durante varios siglos, las explicaciones
y los preceptos de la ley se transmitieron
oralmente en las escuelas de una generación
a otra. Pero viendo el peligro de una dispersión
total de los judíos, el célebre
rabino Yahudá ha-Nassi (+220 d.C.)
los puso por escrito en una obra como apéndice
a la ley de Moisés que ha recibido
el nombre de Mishna, literalmente repetición.
En el siglo siguiente se compuso la Guemara
de Jerusalén, un nombre que deriva
del arameo y significa acabar que viene a
designar la continuación y el fin de
la Mishna como comentario de ésta.
Siglos más tarde se compuso la Guemara
de Babilonia. La Mishna y la Guemara componen
la obra que se conoce como el Talmud. Éste
es una especie de cuerpo jurídico donde
se tratan las cuestiones civiles y religiosas.
Así, pues, hasta que se puso por escrito
toda la enseñanza era oral. El Antiguo
testamento se leía y se explicaba según
la tradición. El celo de los rabinos
por las cosas más pequeñas,
dio a dicha tradición un carácter
de inviolabilidad; según el juicio
de algunos sabios, parece haberse transmitido
en las escuelas rabínicas, hasta que
los masoretas la aseguraron por medio de la
escritura.
2. Período masorético
Después de la conclusión del
Talmud, o al menos de la Guemara de Jerusalén,
y en un tiempo en que prosperaban las escuelas
rabínicas de Babilonia, cobraron un
nuevo impulso las de Palestina, especialmente
las de Tiberias. Sin embargo, los sabios que
dirigían estas últimas no se
ocupaban en trabajos científicos como
los entendemos hoy, ni en investigar nuevas
maneras de interpretar las Escrituras. Se
dedicaron más bien a poner orden en
lo que se había hecho hasta entonces
y transmitirlo a la posteridad. A ellos se
debe la Masora (*). El objetivo de su trabajo
era poner en seguridad el texto sagrado, fijando
después la verdadera lectura del texto.
Para conservar este texto y preservarlo de
todo tipo de falsificaciones, contaron todas
las palabras y todas las letras de cada libro.
Otro medio para conservar el sentido y no
sólo la letra, consistía en
asegurar, por la adición de ciertos
signos (puntos-vocales y acentos) el verdadero
valor de las palabras, siguiendo su pronunciación
y derivación. Parece que en principio
estos signos y notas de los masoretas eran
empleados en manuscritos destinados a un uso
privado. Pero después de la destrucción
de las escuelas rabínicas de Babilonia
en el siglo IX d.C. y la expulsión
de los judíos del oriente por los árabes,
vieron la necesidad de conservar por escrito
todo lo que no debía perderse a causa
de los desastres nacionales, y desde el siglo
X d.C. encontramos el texto en su forma actual
en todos los manuscritos. Obviamente, un sistema
como el de vocalización y acentuación
masorético, ha debido ser el resultado
de un trabajo continuo en el que tomaron parte
un considerable número de sabios durante
varios siglos y de los que ahora nosotros
nos beneficiamos.
3. Período gramatical
Después de la decadencia de las escuelas
rabínicas de Babilonia, a partir del
siglo X España fue el país en
el que principalmente se asentó la
ciencia rabínica. Los judíos
se aprovecharon de los trabajos gramaticales
y lexicográficos de los árabes
y empezó el estudio de la lengua hebrea
conforme a un método científico.
Sin embargo, tenemos constancia de un ensayo
de composición gramatical en el
año 942 d.C. en Babilonia que se ha
perdido. Un siglo más tarde, hacia
el año 1040, el rabí Judá
Chaiug, médico de Fez, en Marruecos,
compuso algunos trabajos gramaticales, cuyos
manuscritos se encuentran en París
y Oxford. Los judíos le consideran
el fundador de la ciencia gramatical. Pero
fueron mucho mejores los trabajos del rabí
Joná ben Gannach, médico de
Córdoba (hacia el año 1221),
el cual dejó trabajos lexicológicos
de gran importancia porque conocía
el árabe y el talmúdico caldeo,
y juntamente con su contemporáneo Judá
ben Karish, pudieron dar explicaciones justas
de las palabras y conservar significados que
se habrían perdido. Shelomoh ben Isaac,
vivió en el siglo XI en Francia, siendo
autor de una gramática de la que sólo
existen copias. Es especialmente conocido
por sus comentarios a todos los libros del
Antiguo Testamento y sobre una gran parte
del Talmud. También en Francia, en
el siglo XII, hizo una importante contribución
una familia de gramáticos y lexicógrafos,
los Kimchi, José, el padre y sus dos
hijos Moisés y David. Ya en el siglo
XVI, debemos nombrar a Elías levita,
el cual produjo muchas obras gramaticales,
entre las que se aprecia su lexicon, donde
explica las palabras difíciles del
código hebreo y del Talmud.
Conclusión
El hallazgo y estudio de los manuscritos del
Mar Muerto(**)después del descubrimiento
de 1947, permitió conocer un universo
que resultaba imposible hasta entonces. Los
materiales que aparecieron eran mil años
más antiguos que los grandes manuscritos
medievales. Así, pues, al lado de la
línea de transmisión textual
de los masoretas, reaparecen ahora estas líneas
de tradición textual de las que sólo
se habían conservado algunas pinceladas
en diversas fuentes.
Pedro PUIGVERT
(*)
"El término masorah deriva de
la raíz hebrea 'sr, ´atar´.
Según algunos autores procede más
bien del verbo postbíblico msr, ´transmitir´.
El término masorah significa tradición.
Designa el conjunto de notas que acompañan
al texto y en las que los masoretas recogieron
el cúmulo de tradiciones rabínicas
relativas al propio texto bíblico.
La masorah cumple una doble función:
conservar el texto en su integridad e interpretarlo.
El texto masorético es el texto consonántico
hebreo que los masoretas vocalizaron, acentuaron
y dotaron de masorah. La Masorah es el mejor
reflejo del esmero con el que los masoretas
conservaban el texto que ellos mismos habían
recibido por tradición de sus antepasados.
La actividad de los masoretas se extiende
desde el 500 al 1000 d.C.". (Trebolle
Julio, La Biblia judía y la Biblia
cristiana, Madrid: Editorial Trotta, 1993,
pp.283-284).
(**) Cf. O'Callaghan Josep, ¿Cómo
llegó la Biblia hasta nosotros? Terrassa:
Unión Bíblica/Clie, 1999,
pp. 111-127.
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