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LA LECTURA DE LA BIBLIA DESPUÉS DE LA REFORMA
La invención de la imprenta de caracteres móviles, permitió que a partir de la Reforma la Biblia pudiera difundirse de una manera que no tiene precedentes en la historia. Su lectura constituyó desde el siglo XVI y durante al menos tres siglos, una opción de tiempo libre o una ocupación cultural y cultual como no podemos imaginarnos en la actualidad. Pero nos queda la imagen que los cuadros más célebres han impreso en la conciencia colectiva. También nos quedan algunos lugares comunes: los protestantes leen la Biblia después que esta lectura haya sido prohibida a los católicos. ¿Qué pasó exactamente?
1. El marco histórico
En nuestros días no es fácil comprender el riesgo que constituía la lectura de la Biblia, accesible a todos, en el siglo XVI. Dos revoluciones han tenido lugar desde entonces; también lo que no parece normal hoy constituía una novedad extraordinaria en aquella época. La Revolución francesa no solamente arranca poderes y privilegios a los que se creen los representantes de Dios en la tierra, sino que irá más lejos: hará del Hombre su propio dios. No tardará en mostrarse cómo esta pretensión puede conducir a un desbordamiento del terror. Todavía no hace mucho tiempo, fue en 1968, aprovechando diversas reivindicaciones, los defensores de la "libertad" han intentado liquidar lo que todavía quedaba de las estructuras de autoridad. "Prohibido prohibir" clamaban los apóstoles de esta revolución radical. Viendo donde ella nos ha conducido, se puede decir de los partidarios del orden establecido, "¡ acaso no tenían un poco de razón!" Si después de todo, al difundir la Biblia ampliamente, ¿la Reforma no es un poco responsable de estos desbordamientos? Intentaremos responder a esta pregunta cuando concluyamos la reflexión de esta época, de momento se trata de comprender por qué la lectura de la Biblia asequible a todos constituye una amenaza, y por qué la gente de la que no se puede sospechar que actuaran de mala fe, la han combatido con todas sus fuerzas.
2. La autoridad cuestionada
La concepción jerárquica de la autoridad es una característica de la Edad Media. Según esta concepción, Dios ha delegado su poder al Rey, quien a su vez lo ha delegado a los príncipes y éstos a los Señores locales. Esta idea no es enteramente falsa en sí misma. El problema es que los que detentan el poder se preocupan más de sus intereses que los del reino de Dios. De hecho hay una desviación del significado del poder. Además, el clérigo que habría podido jugar un papel profético cerca de los príncipes, está imbuido también de su poder y se preocupa poco del Reino de Dios o cree que preocupándose se confundan los intereses materiales de la Iglesia con el dominio espiritual. Al colocar los reformadores la Biblia en el centro de la piedad no han buscado hacer una Revolución. Simplemente querían poner a la Iglesia en su lugar.
3. La Contrarreforma
A raíz de la Reforma protestante, la Iglesia de Roma es consciente de la necesidad de emprender una reforma que ponga fin a los excesos o a los patinazos que la minan. Organizó en Trento, una ciudad imperial del norte de Italia, un Concilio general que será un hito en la historia (1545-1563). El concilio se abrió con los problemas bíblicos que estaban en el primer plano de las discusiones entre la iglesia católica romana y las iglesias protestantes. El 8 de abril de 1546, la lista de los libros canónicos reconocidos como autoritativos, es aumentada con siete libros que son rechazados por los protestantes(1). El decreto declara: "Si alguno no recibe estos libros en su integridad, con todas sus partes como sagrado y canónico... sea anatema". El segundo decreto declara que la antigua versión latina llamada Vulgata, no debe ser rechazada bajo ningún pretexto. El debate lleva a la necesidad de volver a los textos originales hebreo y griego. Para los protestantes y algunos sabios católicos, la Vulgata no puede constituir más un texto de referencia. El problema de la traducción de la Biblia en lengua vulgar divide a los padres conciliares. El cardenal Madruzzo, obispo de Trento, "rechaza considerar la traducción de la Biblia en lengua vernácula como un abuso y declara: Es en mi lengua alemana que mi madre me ha enseñado a recitar el Padrenuestro, el Credo y las demás oraciones. (...) No son las pobres gentes, que sólo saben su lengua materna, los que han caído en la herejía, sino los profesores muy sabios en griego y en hebreo". Finalmente, las traducciones no son citadas como abuso, pero el papa Pío IV da instrucciones muy restrictivas en cuanto a la lectura de la Biblia en lengua vulgar. Esta restricción comporta los principales elementos que han regido la lectura de la Biblia prácticamente hasta los años 1960, es decir, hasta el Concilio Vaticano II. Ella responde a la Confesión de Fe de 1564 proclamada en Trento que dice: "Confesamos que la Escritura santa es imperfecta y letra muerta en tanto que el soberano pontífice no la ha explicado y no ha dado permiso de leerla a los laicos".
4. La difusión de la Biblia en medios católicos
Dichas restricciones definen la posición oficial de la Iglesia romana. Pero si se considera las traducciones y la difusión de Biblias y nuevos testamentos católicos la situación debe ser matizada. En Francia, la traducción de Louvain (1550) fue la más difundida realizada sobre la Vulgata. Entre 1666 y 1670 aparecieron tres nuevos testamentos: destacan los de Amelote, Mons y más adelante la Biblia de Sacy (1696). En España hubo más versiones en la Edad Media que después de Trento: destacan: la Biblia castellana pre-alfonsina hecha sobre la Vulgata; la "Gran e General Estoria" versión parafraseada y resumida de la Vulgata; la Biblia catalana encargada por Alfonso II de Aragón; la Biblia de Guzmán o de Alba; la Biblia valenciana traducida por Bonifacio Ferrer. En los siglos XVI y XVII, de un total de 4.174 obras de teología producidas en España, 663 corresponden a traducciones, comentarios u otros temas bíblicos. pero en su inmensa mayoría son obras técnicas escritas en latín que no llegaron al pueblo. Hay que esperar a los siglos XVIII y XIX para encontrar la Biblia de Scío y la de Torres-Amat. Como escribe Anselmo Petite: "Aunque en otros reinos hace tiempo que corren las traducciones vulgares de la Biblia, en nuestra España no era lícito leerlas sin especial licencia, hasta el decreto de la Santa Inquisición de 7 de enero de 1783". El hecho de la existencia de muchas versiones, la prohibición de leer las traducciones protestantes y los restricciones de Trento han tenido poco efecto en Francia, pero tampoco han contribuido a estimular la lectura de la Biblia.
Pedro Puigvert
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1. Estos libros son llamados apócrifos por los protestantes que no los reconocen porque no forman parte del canon palestinense de los judíos, aunque sí estaban en el canon alejandrino. Los católicos los introducen llamándolos deuterocanónicos, es decir, un segundo canon que añaden al primer canon.


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